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enero 18, 2014

LO MEJOR DEL 2013 capitulo 4: DJANGO SIN CADENAS



El ultraviolento western de Quentin Tarantino cuenta con las virtudes tradicionales del que alguna vez fue el niño terrible de Hollywood: música pop, personajes fascinantes (sumados a un talento especial para elegir a los actores que los interpretan), estallidos de violencia inesperada, su capacidad para tomar los géneros cinematográficos y deformarlos mientras los homenajea, esa autoconciencia que nos indica que estamos en el mundo del cine y que nos permite también cierta reflexión (al estilo de Jean-Luc Godard).
Y además, hay en este film una muestra dificil de olvidar de lo que fueron los años de la esclavitud en EE.UU. en dos escenas de esas que traumatizan al espectador. Tarantino homenajea apasionadamente al más tradicional de los géneros norteamericanos mientras refriega la cara de sus compatriotas sobre las atrocidades cometidas por su propio país. Leonardo DiCaprio compone un gran villano, apenas superado por el esclavo esclavizador de Jackson.
Hay divertidísimas apariciones de Don Johnson y Jonah Hill en una secuencia que parece extraída de un film de los Monty Python. Jaime Foxx logra imprimirle autenticidad a su recorrido de esclavo a vengador, pero es eclipsado indefectiblemente por el brillante trabajo de Waltz (con el que ganó su segundo Oscar, ambos en films de Tarantino).
El clímax de la película, que nos recuerda a uno de los momentos mas impresionantes de Kill Bill, nos deja exhaustos, pero con una satisfacción cinematográfica y  también moral. Bienvenidos al salvaje oeste, donde la venganza es un plato que se sirve caliente.

enero 09, 2014

LO MEJOR DEL 2013 capitulo 3: VIOLA


Un delicioso dialogo de una obra de teatro que mezcla diferentes textos de Shakespeare es representado por un grupo de actrices. Después, en los camerinos, tienen una larga conversación  donde cada una esgrime extrañas teorías sobre el amor y las relaciones de pareja. Una de ellas decide tomar un rol conspirativo para reunir a dos amantes malogrados al mejor estilo de la Emma de Jane Austen, solo que en este caso tiene una vuelta de tuerca mas acorde con estos tiempos (y que no quiero contar). En torno a eso gira esta película sorprendentemente directa y efectiva: Sakespeare, el amor y su funcionamiento misterioso.
Los diálogos ingeniosos, sutilmente cómicos, sensibles pero irónicos y a menudo absurdos fluyen con naturalidad y resultan fascinantes, las actrices involucradas (Maria Villar, Agustina Muñoz, Elisa Carricajo y Romina Paula entre otras) se cargan parlamentos a veces larguísimos sobre los hombros pero lo hacen con total convicción. La cámara de Matias Piñeiro se concentra sobre sus rostros buscando registrar los gestos mas sutiles.

Si alguien me apura, diría que se trata de una comedia romántica, pero liberada de los arneses que representan las restricciones del género (que parece estancado estos últimos años), y sin embargo tiene su particularísimo happy ending.

Y entonces, cerca del final de la película, cuando ya estoy pensando en mi mejor tono de varón porteño tanguero: ¿ves? las minas están todas locas, cuando ya estoy convencido de que Piñeiro hizo esta pequeña gran película para reírse de lo complicadas que son las mujeres. Entonces un consejo femenino paranoico, rebuscado y contradictorio.  Un consejo irracional, funciona.

enero 07, 2014

LO MEJOR DEL 2013 capitulo 2: THE MASTER



Una de las principales fuerzas detrás de The Master es la inquietud sobre los impulsos que nos gobiernan, la exploración tanto emotiva como intelectual de las complejidades de la mente humana. Paul Thomas Anderson, uno de los mas grandes artistas vivos, nos entrega un arriesgado estudio de personajes que se convierte también en un estudio sobre el ser humano. Esto, obviamente, solo es posible con la participación de actores con el calibre y la entrega de Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffman, que logran aquí uno de los mejores trabajos de sus carreras.


En lugar de hacer una película sobre la Cienciología. Anderson toma los planteos de L. Ron Hubbard con autentico interés y, dejando de lado todas las posibilidades amarillistas de la cuestión, se dedica a investigar apasionadamente y logra una búsqueda fascinante de respuestas a las preguntas mas insondables sobre nuestra naturaleza. Como los grandes directores, Anderson combina un cerebro inquieto, observador y reflexivo con una aproximación emocionalmente intuitiva hacia sus temas.  ¿Existe un método para lograr la felicidad? ¿puede comprenderse el alma de manera científica? son preguntas que parece hacerse The Master.

La película no puede (ni debe) darnos todas las respuestas, es mejor tomarla como una invitación a navegar por aguas más profundas de las habituales y, con un poco de suerte, volver un poco mas enriquecidos, mas curiosos, quizá mas sabios. En el panorama del cine actual, films como este son aves extrañas que debemos atesorar. Anderson vuelve a ofrecernos otra de sus particularísimas obras maestras.
Paul Thomas Anderson

agosto 25, 2013

TAXI DRIVER de Martin Scorsese





El hombre solitario de Dios


En los ’70 el cine norteamericano entró en uno de sus periodos más interesantes. El asesinato de Kennedy, la debacle de la guerra de Vietnam y otros sucesos traumáticos como la masacre  del clan Manson terminaron oscureciendo los años esperanzadores y optimistas que habían llegado luego de la victoria de los Aliados en la Segunda guerra mundial. Las certezas se convirtieron en dudas, y los costados más oscuros del sueño americano empezaron a mostrarse. Y el cine empezó a expresar los sentimientos de una sociedad en crisis con películas ambiguas, oscuras y moralmente inciertas, que exploraban los aspectos mas siniestros del ser humano, el gobierno, la religión, etc.

¿Quien golpea a mi puerta?


Desde su opera prima “¿Quién golpea a mi puerta?” (Who’s that knocking at my door?) de 1967 (primer protagónico del actor Harvey Keitel), Martin Scorsese ya había demostrado un profundo interés y una capacidad evidente para explorar la vida en su barrio, Little Italy en New York, de una forma casi documental pero simultáneamente con un uso intenso y artificions netamente cinematograficos de la cámara y la puesta en escena. Refinaría esta vertiente de su estilo en su tercer film “Calles salvajes” (Mean Streets, 1973), donde trabaja por primera vez con un muy joven Robert De Niro. 

Calles Salvajes
 
En ambos dedica su atención a las vidas de un grupo de veinteañeros, poniendo  énfasis en sus pulsiones sexuales, las relaciones tensas con su religión, la culpa, el orgullo masculino y la violencia proveniente de un entorno en el que se perciben los primeros indicios de la Mafia. Cuenta Martin en una entrevista que un día, siendo el muy joven, miró a través de su ventana y vió a dos hombres dándole una golpiza salvaje a un tercero, mientras que de la rockola de un bar cercano se escuchaba una suave balada de los ’60. El contraste entre esos dos elementos le causó una fuerte impresión. Así se generó una de las marcas del estilo Scorsese: combinar violencia con música romántica o ingenua produce un distanciamiento, convierte la imagen violenta en algo triste, aunque también pueda parecer divertido.



Haber realizado esas dos películas le dieron una preparación única para encargarse de llevar a la pantalla el guion de Paul Schrader sobre un taxista solitario que pierde gradualmente la razón. Y esto es porque una de las protagonistas del film es una Nueva York sucia y corrompida, donde nada es noble. Estamos hablando de una época del cine americano en la que aun no era muy común sacar la cámara a la calle, y el cine se producía mayoritariamente en sets de estudios.

Travis Bickle (DeNiro) es un veterano de la guerra de Vietnam que decide, ante su persistente insomnio, manejar un taxi en el horario nocturno. Recorremos con él y vemos a través de sus ojos una ciudad llena de violencia sin sentido, drogas, mafiosos, proxenetas y corrupción de menores.




Luego del fracaso de su incomodo intento de seducir a Betsy (una hermosísima Cybill Sheperd), Travis se aliena progresivamente y un sentimiento de frustración cada vez mas intensa se adueña de él. Resulta particularmente triste el momento en el que acude a Wizard, uno de los taxistas con más experiencia, para pedirle orientación: “No sé que me pasa… tengo algunas ideas malas en mi cabeza… quiero hacer algo”. Travis se da cuenta que esta enloqueciendo y no puede evitarlo. Y las palabras de poco vuelo de Wizard no sirven de nada.






Cuando conoce a Iris, una prostituta de 14 años (increíble papel de una precoz Jodie Foster)  explotada por un inescrupuloso cafishio (Keitel), se obsesiona con ella y se propone rescatarla de ese submundo a cualquier precio.

Scorsese saca el máximo provecho de la New York nocturna, generando climas de soledad y de un caos que amenaza con estallar en cualquier momento, crea algunas imágenes oníricas con el simple uso del foco y la lluvia, acompañado por la música de Bernard Hermann, transmitiendo el lento descenso hacia la locura de Travis. Es clave también el trabajo de De Niro, en una de sus mejores actuaciones contenidas y con gran economía de recursos. Una buena parte del merito es suyo. Por no hablar de Jodie Foster quien ya demostraba ser una niña prodigio.




El explosivo y catártico final, que aquí no voy a contar a favor de los insensatos que todavía no la vieron, y su estremecedor epilogo hacen que la película siga reverberando en nuestra mente. Sin estar seguros que posición adoptar ante lo que acabamos de ver. Así Martin Scorsese nos dio su primera obra maestra, y ese fue solo el comienzo.






SED DE MAL (Touch of Evil) de Orson Welles



Film Noir con mano maestra



Orson Welles fue uno de esos genios apabullantes y precoces que aparecen cada tanto en el mundo del arte. Hizo su primera película a los 24 años, y se trató nada menos que de “El Ciudadano Kane” (Citizen Kane, 1941), un clásico indiscutible que revolucionó el lenguaje cinematográfico y que aun hoy es considerado uno de los mejores diez films de la historia.

Pero podemos decir que su policial negro de 1958, “Sed de mal” (Touch of Evil), soporta el paso de los años aun mejor que su opera prima. 




Alguien pone una bomba en el baúl de un auto al que una pareja risueña se sube segundos después. Empiezan a circular por la calle atestada de gente. Entre ellos el Oficial de narcóticos mexicano Mike Vargas (Charlton Heston) y su flamante esposa (una hermosa Janet Leigh), que cruzan la frontera a EE.UU. para tomar un helado. El auto con la bomba se mantiene cerca de ellos durante unos segundos que se tornan insoportables, para luego estallar en suelo norteamericano. 




El hecho trae al Jefe de Policía Hank Quinlan (el mismo Welles) a investigar el caso. Vargas también se involucra en la investigación que se complicará al incluir narcotraficantes mexicanos, corrupción policial y guerra de poder y lealtades.

Welles utiliza la cámara con virtuosismo, la puesta en escena en forma barroca y vertiginosa, utilizando la profundidad de campo, esto sumado a la fotografía contrastada en blanco y negro y la música de Henry Mancini, genera un clima siniestro y fascinante.  





Pero lo que termina de convertir a esta película en una obra de arte son sus personajes: Welles le imprime un tono intimidante pero también trágico a su personaje. Heston logra imponerse gracias a su oficio y brillo personal. Leigh nos resulta tan encantadora que realmente nos preocupamos por ella cuando el peligro acecha. Y nos conmueve un personaje de menor importancia: Joseph Calleia interpretando a Menzies, un leal ayudante de Quinlan que cree fervientemente en el hasta que la cruda realidad se hace innegable y, con un visible dolor, decide hacer lo correcto.




Y finalmente tenemos a Marlene Dietrich, una mujer que conoció a Quinlan en épocas mejores. En cuyos ojos, llenos de sabiduría, aplomo y sensualidad, puede verse también cierta tristeza. Por la decadencia de Quinlan y la del mundo.

Y nadie dijo nunca mejor que ella la línea: “Te ves terrible, cariño”.

Es por algo que Dietrich es el personaje que cierra la película, la espectadora solitaria de la tragedia, que dice sobre su antiguo amante: “Era un buen hombre, pero un pésimo policía”.


THE MASTER de Paul Thomas Anderson




EL INVESTIGADOR

Al revisar la filmografía del guionista y director Paul Thomas Anderson, pueden diferenciarse dos claras etapas: la primera, compuesta por los films Hard Eight, Juegos de Placer, Magnolia y Embriagado de Amor, y una segunda que comenzó con Petróleo Sangriento y que continua ahora con The Master. La primera etapa puede describirse como el “periodo emotivo” de Anderson, donde sus películas eran montañas rusas emocionales pobladas por personajes con profundas necesidades afectivas, personajes solitarios en busca de amor, amistad, figuras paternas o maternas, a menudo cargando con mochilas del pasado y sus heridas. Con un uso de la cámara exhibicionista e intenso, al estilo de Martin Scorsese (lo que Buenos Muchachos es para la mafia, Juegos de Placer lo es para la industria del cine porno), Anderson creó personajes que atravesaban un infierno personal, pera finalmente alcanzar alguna forma de iluminación, encontrar una respuesta, o a esa otra persona que estaban buscando.




En esta segunda etapa, sus películas empezaron a dialogar con el espectador, en quien  Anderson busca como interlocutor. Ahora sus películas investigan por aproximación lo que podríamos llamar, un poco pomposamente, los misterios insondables del alma (la mente) humana. Esos mecanismos aparentemente irracionales que nos hacen sentir y actuar de la manera que lo hacemos.

Anderson explora apasionadamente, pero su exploración es principalmente intuitiva, lúdica, ya que la exploración meramente intelectual tiene sus límitaciones. Y cuenta con que el espectador sentirá la misma fascinación por esa búsqueda.



The Master transcurre en la década el ´50, cuando Freddie Quell (Joaquin Phoenix) regresa de la guerra e intenta incorporarse nuevamente a una vida normal. Pero Freddie, aun visiblemente dañado por, quizá, terribles experiencias en el campo de batalla, parece incapaz de mantener un trabajo y a pesar de su febril obsesión con el sexo, su comportamiento errático y autodestructivo le impiden relacionarse con las mujeres. El sufrimiento asordinado de Freddie (que Phoenix y Anderson transmiten de una manera casi puramente visual, sin lugares comunes ni subrayados innecesarios, pero que resulta autentico y escalofriante) no le permiten un acceso ni siquiera transitorio a la felicidad. Freddie parece gobernado por sus compulsiones. 



 
Entonces conoce a Lancaster Dodd (Phillip Seymour Hoffman), líder de una suerte de culto llamado La Causa. Hago un alto en este punto para hacer una aclaración, se ha referido muchas veces a este film como “la película sobre la cienciologia” (una controvertida religión que cuenta con varios adeptos notables en Hollywood, siendo Tom Cruise uno de los más famosos), aclaro de inmediato que, si bien Anderson pudo haberse inspirado en la obra de L. Ron Hubbard, no intenta aquí hacer una descripción, análisis o critica de la misma. Sus inquietudes tienen que ver con la posibilidad de lograr un nivel superior (¿mas espiritual?) de comprensión de los conflictos interiores del ser humano. 




Lancaster, si bien es un orador articulado, carismático y seductor, lleva adelante una verdadera búsqueda de respuestas, métodos y soluciones. Freddie se convierte en su paciente experimental y se forja entre ambos un vínculo que va mas allá del de doctor/paciente, una especie de interdependencia. Mary Sue, esposa de Lancaster, juega un rol importante en la iniciativa de su marido, y es en la relación entre ellos que vemos que él también tiene su propia guerra interior.




Anderson sigue demostrando una gran capacidad para conseguir actuaciones extraordinarias, y aunque este nuevo periodo lo trae mas árido e intelectual (que lo acerca un poco a la comparación con Stanley Kubrick), hay un factor que sigue siempre presente: la desesperación y el intento de terminar con ella, de encontrar respuestas, de resolver el rompecabezas.

Anderson, con su enorme talento, piensa ahora su cine como una investigación, y requiere de nosotros dos cosas: la curiosidad por la exploración y la no exigencia de pedirle todas las respuestas. Nos considera sinceramente espectadores inteligentes y preocupados, mientras nos entrega una gran obra cinematográfica.