Mostrando las entradas con la etiqueta amy adams. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta amy adams. Mostrar todas las entradas

enero 07, 2014

LO MEJOR DEL 2013 capitulo 2: THE MASTER



Una de las principales fuerzas detrás de The Master es la inquietud sobre los impulsos que nos gobiernan, la exploración tanto emotiva como intelectual de las complejidades de la mente humana. Paul Thomas Anderson, uno de los mas grandes artistas vivos, nos entrega un arriesgado estudio de personajes que se convierte también en un estudio sobre el ser humano. Esto, obviamente, solo es posible con la participación de actores con el calibre y la entrega de Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffman, que logran aquí uno de los mejores trabajos de sus carreras.


En lugar de hacer una película sobre la Cienciología. Anderson toma los planteos de L. Ron Hubbard con autentico interés y, dejando de lado todas las posibilidades amarillistas de la cuestión, se dedica a investigar apasionadamente y logra una búsqueda fascinante de respuestas a las preguntas mas insondables sobre nuestra naturaleza. Como los grandes directores, Anderson combina un cerebro inquieto, observador y reflexivo con una aproximación emocionalmente intuitiva hacia sus temas.  ¿Existe un método para lograr la felicidad? ¿puede comprenderse el alma de manera científica? son preguntas que parece hacerse The Master.

La película no puede (ni debe) darnos todas las respuestas, es mejor tomarla como una invitación a navegar por aguas más profundas de las habituales y, con un poco de suerte, volver un poco mas enriquecidos, mas curiosos, quizá mas sabios. En el panorama del cine actual, films como este son aves extrañas que debemos atesorar. Anderson vuelve a ofrecernos otra de sus particularísimas obras maestras.
Paul Thomas Anderson

agosto 25, 2013

THE MASTER de Paul Thomas Anderson




EL INVESTIGADOR

Al revisar la filmografía del guionista y director Paul Thomas Anderson, pueden diferenciarse dos claras etapas: la primera, compuesta por los films Hard Eight, Juegos de Placer, Magnolia y Embriagado de Amor, y una segunda que comenzó con Petróleo Sangriento y que continua ahora con The Master. La primera etapa puede describirse como el “periodo emotivo” de Anderson, donde sus películas eran montañas rusas emocionales pobladas por personajes con profundas necesidades afectivas, personajes solitarios en busca de amor, amistad, figuras paternas o maternas, a menudo cargando con mochilas del pasado y sus heridas. Con un uso de la cámara exhibicionista e intenso, al estilo de Martin Scorsese (lo que Buenos Muchachos es para la mafia, Juegos de Placer lo es para la industria del cine porno), Anderson creó personajes que atravesaban un infierno personal, pera finalmente alcanzar alguna forma de iluminación, encontrar una respuesta, o a esa otra persona que estaban buscando.




En esta segunda etapa, sus películas empezaron a dialogar con el espectador, en quien  Anderson busca como interlocutor. Ahora sus películas investigan por aproximación lo que podríamos llamar, un poco pomposamente, los misterios insondables del alma (la mente) humana. Esos mecanismos aparentemente irracionales que nos hacen sentir y actuar de la manera que lo hacemos.

Anderson explora apasionadamente, pero su exploración es principalmente intuitiva, lúdica, ya que la exploración meramente intelectual tiene sus límitaciones. Y cuenta con que el espectador sentirá la misma fascinación por esa búsqueda.



The Master transcurre en la década el ´50, cuando Freddie Quell (Joaquin Phoenix) regresa de la guerra e intenta incorporarse nuevamente a una vida normal. Pero Freddie, aun visiblemente dañado por, quizá, terribles experiencias en el campo de batalla, parece incapaz de mantener un trabajo y a pesar de su febril obsesión con el sexo, su comportamiento errático y autodestructivo le impiden relacionarse con las mujeres. El sufrimiento asordinado de Freddie (que Phoenix y Anderson transmiten de una manera casi puramente visual, sin lugares comunes ni subrayados innecesarios, pero que resulta autentico y escalofriante) no le permiten un acceso ni siquiera transitorio a la felicidad. Freddie parece gobernado por sus compulsiones. 



 
Entonces conoce a Lancaster Dodd (Phillip Seymour Hoffman), líder de una suerte de culto llamado La Causa. Hago un alto en este punto para hacer una aclaración, se ha referido muchas veces a este film como “la película sobre la cienciologia” (una controvertida religión que cuenta con varios adeptos notables en Hollywood, siendo Tom Cruise uno de los más famosos), aclaro de inmediato que, si bien Anderson pudo haberse inspirado en la obra de L. Ron Hubbard, no intenta aquí hacer una descripción, análisis o critica de la misma. Sus inquietudes tienen que ver con la posibilidad de lograr un nivel superior (¿mas espiritual?) de comprensión de los conflictos interiores del ser humano. 




Lancaster, si bien es un orador articulado, carismático y seductor, lleva adelante una verdadera búsqueda de respuestas, métodos y soluciones. Freddie se convierte en su paciente experimental y se forja entre ambos un vínculo que va mas allá del de doctor/paciente, una especie de interdependencia. Mary Sue, esposa de Lancaster, juega un rol importante en la iniciativa de su marido, y es en la relación entre ellos que vemos que él también tiene su propia guerra interior.




Anderson sigue demostrando una gran capacidad para conseguir actuaciones extraordinarias, y aunque este nuevo periodo lo trae mas árido e intelectual (que lo acerca un poco a la comparación con Stanley Kubrick), hay un factor que sigue siempre presente: la desesperación y el intento de terminar con ella, de encontrar respuestas, de resolver el rompecabezas.

Anderson, con su enorme talento, piensa ahora su cine como una investigación, y requiere de nosotros dos cosas: la curiosidad por la exploración y la no exigencia de pedirle todas las respuestas. Nos considera sinceramente espectadores inteligentes y preocupados, mientras nos entrega una gran obra cinematográfica.


agosto 22, 2013

EL HOMBRE DE ACERO (Man of Steel) de Zack Snyder



EL HOMBRE DE ACERO ASCIENDE
DC Comics, al ver que estaba perdiendo por goleada el partido contra Marvel, tomó una decisión un poco obvia pero no por eso desacertada. Acudió a Cristopher Nolan, responsable de su único verdadero éxito cinematográfico, la última trilogía de Batman. Y lo puso a trabajar sobre un nuevo comienzo para Superman. Nolan eligió a Zack Snyder (realizador de 300 y Watchmen) como el nuevo director y de inmediato comenzó a trabajar con David S. Goyer en la historia para un nuevo guion.

Como era de esperarse, la impronta de Nolan, dramática, solemne y racionalista, es visible en esta reboot del personaje. Volvemos a ver a Kripton en los últimos días de existencia antes de su estallido. 




El general Zod, furioso con sus líderes por haber llevado al planeta a esa situación, ejecuta un golpe de estado. Pero a Jor-El (Russell Crowe) solo le importa darle una oportunidad a su recién nacido Kal. Entonces lo envía hacia la tierra junto con el Códice, la clave para volver e formar una civilización como Kripton. Zod es enjuiciado por traición y encerrado junto a sus secuaces en un fenómeno físico llamado la zona fantasma, pero antes jura vengarse contra Kal-El.




A partir de ese momento vamos conociendo el crecimiento del niño en la tierra con sus padres adoptivos (Kevin Costner y Diane Lane, acertadísimos y emocionantes) y paralelamente sus años de juventud vagando por el mundo e interviniendo anónimamente para salvar a personas de desastres y accidentes. 



El principal conflicto en este nuevo Superman tiene que ver con la imposibilidad de revelarse al mundo tal cual es, con todos sus poderes, por miedo a la reacción horrorizada que la raza humana pudiese tener. Lois Lane (la gran Amy Adams) investiga tozudamente y descubre de inmediato la identidad de Superman, esta es una de las principales rupturas con respecto a la configuración tradicional del personaje. Lois, además es la única humana que presencia el dilema de Clark, y su relación se cristaliza definitivamente cuando él se ve obligado a quitar una vida. 




Henry Cavill canaliza muy bien la angustia del personaje pero tiene también una mirada dura, de ira contenida que genera una sensación de peligro. Este nuevo diseño del traje de Superman le calza a la perfección y transmite una imagen de poderío y superioridad (similar a la de Thor, de Los Vengadores). El director se luce en las escenas de acción. Las peleas son titánicas, atravesando edificios y revoleando autos, pero contrariamente a lo que podía esperarse hay una sensación física tangible, lejos de la artificialidad computarizada de otros films. 


La película en sus 143 minutos de duración, no da respiro y este es uno de sus defectos. El espectador se ve bombardeado incesantemente por explosiones, derrumbes y peleas. Todos muy bien llevados a cabo y algunos particularmente asombrosos, pero la saturación a veces impide que la historia pueda disfrutarse completamente. Entonces, a pesar de sus aciertos importantes, el film nos deja un poco aturdidos y con ganas de haber tenido la oportunidad de absorber mejor los personajes y las situaciones (el villano interpretado por Michael Shannon, si bien es efectivo, nos deja sabor a poco).

Es, sin embargo, un buen nuevo comienzo para una saga cuya continuación ya está confirmada. Este Superman ha venido para quedarse, y es una buena noticia.